DEBATE
La industria y el Estado
Ricardo Oliva, presidente de la comisión de carreras del hipódromo de San Juan, reclamó por el contraste que sufre su escenario, con las condiciones de trabajo y los resultados conseguidos.
La pista sanjuanina, desde donde surgen ganadores en varias provincias.
Por Sebastian Cutugo
“El turf sanjuanino tuvo su en el hipódromo de La Punta, en San Luis. A pesar de que a nuestro hipódromo no nos apoya el gobierno de San Juan, nos ingeniamos para poder tener la pista de carreras en condiciones y poder varear nuestros caballos para salir a correr a otras provincias. El domingo anterior no fue la excepción y de ocho carreras disputadas ganamos cuatro; felicidades señores propietarios y, en lo personal, es una alegría inmensa por el sacrificio que ponen conjuntamente a los señores cuidadores, peones, vareadores, veterinarios etc. Lo merecen. Un abrazo”.
Las palabras del Dr. Ricardo Oliva, presidente de la Comisión de Carreras del Hipódromo de San Juan, clamando por auxilio para el circo hípico del barrio de Rivadavia pueda seguir funcionando, reaviva la polémica sobre si el Estado debe auspiciar al turf. En realidad, si hacemos memoria, el turf, sobretodo el interior, estuvo casi desde siempre auspiciado por el Estado Nacional, a través del desaparecido Instituto Nacional de la Actividad Hípica (INAH).
Con sus aportes crecieron los Jockeys Clubes del interior (incluido San Juan) pero, con el tiempo, crecieron lujosos camping u otras actividades deportivas que patearon al turf y lo dejaron a un costado. De tal manera, las carreras de caballos se fueron achicando y hasta hubo Jockeys Clubes (Mendoza, por ejemplo) que declararon la quiebra. Allí debió volver a aparecer la mano del Estado: donde el mismo se hizo cargo (Mendoza, Tucumán, entre otros) el turf creció y esos hipódromos tienen vida propia; donde no, el esfuerzo es sobrehumano y no hay forma de que avance.
Sólo para comparar, debemos decir que los que el Estado mete la mano, funcionan o ofrecen alternativas, como las "maquinitas" en Palermo (se estaba “muriendo” antes de eso) o los complejos de hotelería, casino e hipódromos (La Punta) o los subsidios mensuales en la provincia de Buenos Aires (La Plata, San Isidro, Azul y Tandil), bien aprovechados por algunos y desperdiciados por otros -no sólo hace falta poner la plata, sino controlar que se gaste correctamente-, el resto sólo da pena. El único ejemplo de gestión absolutamente privada que podemos mencionar como exitoso es el Hipódromo de Las Flores, en Santa Fe, un caso realmente atípico, ya que es auspiciado por los trabajadores y exhibe un notable crecimiento día a día.
He aquí la pregunta del millón. ¿Debe el Estado (nacional o provincial) auspiciar al turf? Respondo, y me hago absolutamente responsable: si supo (y sabe todavía) auspiciar, por ejemplo, a los empresarios del transporte (leyeron bien, "empresarios"), ¿Cómo no va a ayudar a mantener viva una actividad de la que más de 750.000 personas viven en esta hermosa Argentina? Sería justicia.
www.purahipica.com
By De Turfe Um Pouco

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