segunda-feira, 25 de abril de 2016


El tango y el turf









ABRIL, 2016
A partir de la década del 20 el tango comenzó a cantarle al turf, estableciendo una relación íntima con el “deporte de los reyes”.
Esta relación quizás alcanza su pico más relevante en la amistad entre el jockey Irineo Leguisamo y Carlos Gardel.
Se conocieron en 1920, en el hipódromo de Maroñas. Su primer encuentro fue conflictivo: “Mirá que sos chiquito, Mono. ¿Cómo haces para que los burros no te desmonten? Preguntó sobrador el Zorzal.
Volvieron a verse dos años después, cuando el jockey se mudó a Buenos Aires, y se hicieron amigos para siempre. “El era el único que me llamaba Mono, aunque sabía que a mí me molestaba. Cuando lo hacía, yo lo llamaba Romualdo, para que engranara. Ese era su segundo nombre, y no quería que nadie se lo mencionara… Un día me mandó a casa una encomienda enorme, con una tarjeta que decía: “Mono, te mando un postre”. Comencé a abrirlo, era puro papel, y se achicaba cada vez más. Al final quedó una cosa chata, que era un disco sin etiqueta. Lo puse en la victrola y me emocioné hasta las lágrimas, porque era el tango “Leguisamo solo”. Nadie lo cantó como él. Nadie, nunca, cantó como Carlitos”.
Legui, el jockey más ganador de todos los tiempos, apodado el Pulpo, porque cuando montaba parecía tener ocho brazos, sobrevivió medio siglo a su amigo, a quien llamaba “mi hermano”, pero nunca lo olvidó.
Alzan las cintas; parten los tungos
como saetas al viento veloz…
Detrás va el Pulpo, alta la testa
la mano experta y el ojo avizor.
Siguen corriendo; doblan el codo,
ya se acomoda, ya entra en acción…
Es el maestro el que se arrima
y explota un grito ensordecedor.
“Leguisamo solo”
gritan los nenes de la popular,
“Leguisamo solo”
fuerte repiten los de la oficial,
“Leguisamo solo”
ya está el puntero del Pulpo a la par
“Leguisamo al trote”
y el Pulpo cruza el disco triunfal.
No hay duda alguna, es la muñeca,
es su sereno y gran corazón
los que triunfan por la cabeza
en gran estilo y con precisión.
Lleva los pingos a la victoria
con tal dominio de su profesión
que lo distinguen con mucha gloria,
mezcla de asombro y de admiración.
Leguisamo solo (tango) 1925
Letra y Música de Modesto Papávero.
Estrenado por Tita Merello en la revista escénica “En la raya lo esperamos”, de Luis Bayón Herrera, presentada en el teatro El Bataclán el 15 de junio de 1925. Gardel lo grabó en Barcelona el 17 de octubre de 1925 y en Buenos Aires el 23 de setiembre de 1927.
Y a través de los años fueron sucediéndose una gran cantidad de letras tangueras dedicadas al turf, en entre ellas:
Por una cabeza
Soy una fiera
Una fija
Milonga burrera
Milonga que peina canas
Burrero
Brazo de oro
Cómo querés que te quiera
Palermo
El yacaré
De siete, seis
Pingo lindo
Arriba Jara
Canchero
Largaron
Preparate pal’ domingo
Callejas solo
Las carreras
Ventaja Apreciable
Al Hipódromo chofer
El apronte
Los Burros
Medio y medio
Polvorín
La Catedrática
Tres y dos
El Pulga
Baratucci al hilo
Doblando el codo
Sideral
Cabulero
Mineral
Uno y uno
Por supuesto que no todas son rosas, y según algunos, el tango fue para el turf un “salvavidas de plomo”. Es que, de alguna manera, al ritmo del dos por cuatro, el “burrero” ganó mala fama en el inconsciente colectivo.
“El tango al turf no le ha hecho ningún favor”, se quejan los entendidos. Y aseguran que la imagen del jugador compulsivo es propiedad de un imaginario que, en general, no se verifica en la realidad:
El profesional busca la carrera, estudia las posibilidades de los caballos, analiza quién lo corre. Y jamás juega en todas las carreras. Además, no es como la ruleta: si te calentás porque perdés tenés media hora hasta la siguiente. El turf es un arte. El verdadero juego no es apostar sino elegir: a qué caballo, bajo qué hipótesis, a qué jockey. Uno puede ir con 20 pesos y jugar todo el día.
By De Turf Un Poco
Mário Rozano

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