quinta-feira, 26 de maio de 2016


Matungo: la historia en la que un jockey y un caballo se unen para ganar la carrera de sus vidas

Alejandro Awada, en su rol como como peón de stud, es la figura de la miniserie que se graba en el hipódromo de Palermo, que revela el mundo de trabajo que sostiene las carreras

En la pista de Palermo, Emilio Bardi, el entrenador, y Alejandro Awada,
el peón de Realeza, el caballo que es eje de la miniserie. Foto: Alan Paul Silva
 
Hay un respeto en la gente que trabaja en Matungo que hace posible que todo transcurra en una paz inesperada, tan necesaria en la villa hípica de Palermo . La miniserie se propone mostrar el costado más humano del turf, a través de personajes que empiezan tan de abajo que están en los márgenes de la vida y que por eso mismo se atreven en un mundo ajeno, desconocido y casi misterioso, con la esperanza de sobrevivir, dentro del hipódromo y afuera. Mariano Farías no estaba tan ajeno al turf como los personajes y la mayoría de los actores. Él realizó el documental "El deporte de los Reyes", donde el turf le fue develado. Y allí nació el germen de Matungo, que es una historia. Otra historia.

"Por sobre todas las cosas, Matungo es un desafío enorme, la ilusión de aprovechar una pantalla para transmitir algo bueno. Siempre tuve en el corazón esa idea para cuando pudiéramos hacer un proyecto audiovisual de esta magnitud, y más allá de la lucha que significa para un realizador, Matungo muestra una historia de superación, de alguien que no tuvo oportunidades, que estuvo marginado y desde la marginalidad encuentra un camino por su instinto, que lo hace descubrir torpemente su cercanía con los animales. De esa torpeza y falta de palabras descubre que tiene una relación muy fuerte con los caballos. Él no lo busca, le va sucediendo, y entonces aprovechamos para romper ese paradigma de que todos podemos ir tras un sueño, sino que en este caso, como dice el eslogan de la serie, «a veces los sueños te encuentran». Se destacan los valores de la vida, tanto en los animales como en las personas, marginados o no."

Ese alguien que ve la oportunidad en los caballos de carrera, que se convierte en jockey sin credenciales y que lucha por superarse, es Adrián, el personaje de Sergio Podeley. Y en esa pelea trata de vencer el escepticismo de clase de su padre, al que personifica Alejandro Awada , reciente ganador del Martín Fierro. "Mi personaje es un hombre que viene de una extracción social compleja, no tiene trabajo, entonces se dedica a cartonear y no tiene la más mínima idea de qué significa el mundo del turf. Lo que tengo a favor es que yo tampoco tengo la más mínima idea del mundo del turf. Es la primera vez que piso el hipódromo de Palermo del lado de adentro, y estoy viendo que es apasionante, es extraordinario. Me encuentro con los peones y los trabajadores..."

Tan grande es la puja de padre e hijo y el convencimiento de éste que aquella barrera del hombre que nunca tuvo una chance ("somos el margen", le dice a Adrián en medio de la disputa desesperanzada) cae y se suma también a la ilusión. "Mi personaje comienza siendo peón -sigue Awada-, y ellos, con mucha amabilidad, me cuentan qué es lo que pasa con los caballos, qué hacen ellos, dedican su tiempo y su conocimiento y me lo ofrecen generosamente. Eso me conmueve."

Vale la pena ver cómo el actor de El Clan camina el stud y juguetea con Titán, el caballo que "en la vida real" se gana la avena trabajando con los palafreneros, para acompañar a las gateras a los pura sangre que compiten. Es el doble del protagonista equino de la serie, que se llama Realeza en el guión, pero es Chicago Bull en los programas de carreras, ganador de una prueba y que pertenece a algunos directivos de Palermo.
"Descubrí -dice Awada- que el turf es un espectáculo fuera de lo común. Lo que pasa en la pista y lo que sucede en las tribunas. Esa diversidad de personajes, cómo cada uno de ellos lo vive de una manera muy particular, y estoy deslumbrado porque me resulta precioso. Qué bueno es el apasionamiento y cómo se respetan. Y los ritos que tienen. No es solamente la plata que se juegan, hay algo más, mucho más, y me maravilla el conocimiento que tiene el burrero. Aciertan porque saben, no de casualidad. Y descubrí la [las revistas] Rosa y Blanca.

-¿Todo eso aprendiste en un día de carreras?

-Es que me interesa, no creo que me haga habitué, pero cada tanto vendré a presenciar este mundo, que es extraordinario.
 
-Un actor como vos será una buena imagen para difundir el trabajo que hay en el turf.

-Ojalá pueda aportar. Lo que me sucede a mí con estos caballos, que deben de ser una de las cosas más bellas, es que empiezo a vincularme con algunos por la frecuencia. La comunicación que existe es sublime.
-Este personaje se acerca más a lo que sos vos, respecto del patriarca de los Puccio, por más que se trate de dos padres...

-Eeeeh ¡por afano! Para componer a Puccio tuve que hacer dos cosas: enterarme de quién fue ese señor y a partir de allí indagar en mí para ver qué cosas mías resonaban en ese tipo; ahora yo me quiero alejar completamente de esas cosas personales mías que conozco, pero que no me gustan nada. En cambio Miguel, el personaje de Matungo, supone un mundo que me da placer transitarlo y como persona también.
-De este lado de las carreras se conoce poco...

-Nada, estoy muy impactado, la villa hípica de Palermo es una pequeña ciudad. Lo mío es todo acá, en Palermo. En el momento me empapo de todo lo que necesito, hay mucho material aquí. Te juro, no necesito nada, sólo conectar. Recién me puse a bañar un caballo, por ejemplo, una felicidad. Les gusta que los manguereen, después los secás. Es lo maravilloso de mi profesión. Millones de cosas con las que no hubiera tenido contacto si no fuera porque soy actor. Y pude meterme hasta el hueso.

Podeley participó en El deporte de los reyes. Entonces, en su mente (y en el corazón) también se hundió el ancla del turf. "Con Mariano Farías dijimos «podríamos hacer una ficción de esto», y ahí nació Matungo. Fue un proceso que tuvo de bueno el año y medio de investigación para el documental. Por eso, el lenguaje que usamos se va a entender y lo que se va a ver es lo que viven los capataces, los aprendices, los peones, los jockeys, los caballos... Tuvimos tantas vivencias y conocimos tantos personajes con el documental que muchas de las historias de Matungo están basadas en hechos reales. Mariano se volvió un experto en el tema, porque siguió trabajando en el hipódromo. Por eso se está hablando ya de una segunda temporada de la miniserie, así que estamos contentos."

-Tuviste que prepararte, tenés escenas montando.

-Estuve con Héctor Libré en la Escuela de Aprendices. Bajé cinco kilos y sigo bajando, ahora estoy en 59. Justo anoche pensaba: "Ojalá tuviera tiempo para estar con los chicos [los aprendices] porque toda esa vibra es la que va a sentir Adrián cuando entre en la Escuela de Aprendices, así que estoy feliz con lo que aprendí ahí y lo que aprendo acá, vareando". Estuve montando en pelo... ya había montado en un rodaje, porque me preguntaron si subía y dije que sí de kamikaze, pero no se compara con esto, la posición de jockey...

Emilio Bardi cumple el papel de un entrenador que también debe remontar una pendiente: la del descrédito. Él ya se metió en el deporte, en la piel de Gatica y en la de Maradona, en teatro. Se suma a la charla con Podeley. "Aquéllos fueron personajes distintos al de este cuidador. No conocía esta parte de atrás del hipódromo, pero la otra sí (se ríe). Éste es un mundo desconocido, nuevo, y uno se lo imaginaba, pero no con estos detalles. Mi papel me gusta mucho, por eso lo acepté. Es el entrenador de este caballo por el que no daban dos mangos, pero tampoco daban dos mangos por el jockey ni por el entrenador. Es como decir «se puede, hay esperanzas de hacer en la vida». Hay mucha gente que nos asesora y no hacemos nada que no sea la realidad.
Vuelve Podeley, que no se saca las ropas de jockey fuera de la ficción: "Rodrigo Blanco, uno de los jockeys más importantes [le cuenta a Bardi] me dijo, «Ey, vos estás para jockey ya», y te juro que lo estoy pensando. Es mucho sacrificio, pero con lo que estoy ganando en fuerza y tanto entrenamiento". "Yo unos boletos te apuesto", bromea Bardi, para quien también se descorrió un inesperado velo: "Llama la atención el cuidado de los caballos, son joyas que se cuidan mucho; me sorprendió gratamente. Después de ver cómo los tratan uno se pregunta qué pasará con estos animales cuando termine su vida en las carreras".
El tema del origen de los trabajadores del turf sobrevuela todo el tiempo. Bardi cuenta algo más del profesional al que interpreta: "Proviene de padre y abuelo entrenadores, pero él nunca ganó nada, es alcohólico...". Y Sergio Podeley se identifica; él mismo es una referencia: "¡Soy de Villa Fiorito, a cuatro cuadras de donde nació Maradona! Por eso esto lo vivo tan adentro. Adrián es un marginal, lo que le pasa es un poco lo que viví de chico. Vamos a contar la realidad".

Pablo Alarcón (el dueño de Realeza, dispuesto a cambiar), Victoria Carreras, Marcelo Melingo e Inés Palombo son otros intérpretes de la serie, presentada como la primera sobre turf, de habla hispana (hace unos años se vio Luck, con Dustin Hoffman, donde se ponía el foco en las apuestas).

El turf y sus historias de carne y hueso (humanas y equinas) con un detrás de escena -o de pista- sin misterios. La vida antes de que se abran las gateras y la que continúa después de cruzar el disco..

 Gustavo S. González
Para canchallena.com


By: Constanza Pulgar - De Turf Un Poco

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