sexta-feira, 1 de julho de 2016

- LA INDUSTRIA HÍPICA EN EL URUGAY - 

ARTICULO, Por JAVIER CHA 

Estimados amigos,

Comparto con ustedes este artículo sobre la industria hípica en uruguay.

Desde ya, muchas gracias por vuestra amable atención.

Con mis mejores saludos

JAVIER  CHA
Dirección General de Casinos.


LA INDUSTRIA HÍPICA EN EL URUGUAY

El Uruguay, desde sus inicios y a lo largo de toda su historia, ha vivido una trayectoria marcada por una singular y estrecha relación con el animal más influyente y representativo de su cultura nacional: el caballo.

Para los uruguayos, el caballo es sinónimo de nobleza, belleza, orgullo, sacrificio y lealtad, ingredientes de una unión forjada en los episodios más representativos de nuestra historia, así como en la cotidianeidad del trabajo y la calidez de su compañía y fidelidad.

Entre los países que poseen mayor población de caballos en el mundo, se cuentan Estados Unidos (USA), China y México, seguidos por Brasil y Argentina. Uruguay se ubica en el puesto número 21 en ese listado, con algo más de 425 mil cabezas en su territorio, pero es un destacado finalista en otro ranking mundial, ocupa el segundo lugar en la relación entre cantidad de habitantes y cantidad de caballos. Para nuestro orgullo, tenemos apenas 8 habitantes por cada caballo, solo superados por Mongolia, el inobjetable campeón gracias a su formidable empate de un habitante y un caballo.

En nuestro país, el conjunto de las actividades que tienen como centro al caballo, movilizan recursos que anualmente superan los 340 millones de dólares. Pero sólo la industria hípica, entendida como todo aquello que concierne a la cadena productiva del caballo pura sangre de carreras y su sistema de competencias, alcanza por sí misma y con facilidad, los 120 millones de dólares al año, contando con un parque caballar que no supera los 11.000 ejemplares.

EL PURA SANGRE DE CARRERAS. UN GRAN AMIGO.

El caballo pura sangre de carreras es un superdotado para su especie, se le conoce como el fórmula uno de los caballos por su enorme capacidad corredora. Como producto terminado, es el que posee mayor valor agregado por lejos, si se le compara con el resto de los animales que componen la producción tradicional de nuestro país y ni hablar, con respecto a los diferentes productos de la agricultura.

El Uruguay posee condiciones naturales excepcionales para la producción del pura sangre, además de destacados profesionales, insumos de excelente calidad y la mejor mano de obra de la región para servir al desarrollo de esta industria. Como ya lo han confirmado dos censos realizados en el sector, constituye un sistema de gran impacto y derrame social.

La industria hípica y el conjunto de actividades de su cadena productiva, generan cerca de ocho mil empleos directos, acompañados por otros ocho mil indirectos. Son una gran cantidad empleos si se le compara con cualquier otra industria y con una enorme distancia sobre otras actividades productivas relacionada con animales.

Si contabilizamos los núcleos familiares correspondientes, los involucrados conforman un colectivo cercano a las cincuenta mil personas que se hallan vinculadas a las distintas etapas de la producción y el training de caballos de carreras. Un universo de profesiones, oficios, estratos socio económicos y empleos, que constituye una oportunidad de primer orden para muchos ciudadanos, pero en especial, un espacio de inserción primario para los más humildes y menos calificados.

IGNORANCIA Y DON PREJUICIO, DEFINEN UNA MALA CARRERA.

Habiendo leído lo anterior, cualquier persona que no conozca al Uruguay, podría imaginar al caballo como un verdadero estandarte de nuestra identificación internacional, con una presencia avasallante en el imaginario colectivo de nuestra sociedad, tal como sucede en Irlanda o en Kentucky. Podría imaginar una industria con un fuerte desarrollo y muy amplio respaldo institucional como ocurre en Francia o en Estados Unidos y que los hipódromos y las carreras de caballos deberían gozar de buena reputación y aprobación generalizada.

Pero bastaría una sola visita, para verificar que la realidad está bastante lejos de lo imaginado. La aprobación general y el respaldo institucional del sector, es menor al que su importancia merece. El caballo no es nuestro principal estandarte en el exterior, tampoco posee un fuerte posicionamiento general y su imagen pública, con frecuencia se ve opacada por una bruma de subestimación y prejuicios.

Injustamente, la imagen de las carreras de caballos y de los Hipódromos, aparece ubicada en la franja de desconfianzas de la opinión de un sector de la sociedad y se halla reducida a una caricatura en la que sólo se ven apuestas, vicios, frivolidades, fraudes o malas costumbres.

Para un espacio de opinión que no conoce la importancia económica de la actividad hípica, que no percibe ni comprende su dimensión industrial y mucho menos aún, el impacto social que la misma posee, “eso de las carreras de caballos”, no es una actividad digna de ser promovida.

No debería resultar extraño, si en la cúspide de nuestras instituciones, en la clase política y en sus partidos, gran parte de sus miembros ignoran las principales características de la actividad. Abundan sí, quienes se quedan afónicos declamando a favor de otras industrias y de sus trabajadores, o a favor de otras actividades agropecuarias.
Pero, salvo en casos contados con los dedos de una mano, la industria hípica no aparece en el libreto de tantos discursos comprometidos con la producción y el empleo. Por el contrario, cuando llega el momento de reducir el gasto y se abre el concurso de ocurrencias oportunistas para recortes intrascendentes, surgen voces que, así nomás y al boleo, hablan de disminuir o quitar estímulos a la hípica.

Aunque parezca poco concebible, aún existen dirigentes políticos que siguen pensando en la hípica nacional y en nuestros hipódromos, como un asunto de timba, carreritas y postales tangueras decadentes, o sea, un entorno y una manifestación social poco valiosa, a la que no vale la pena dedicarle reflexiones políticas profundas.

Lo que en Estados Unidos y Europa representa una industria gigante de miles de millones de dólares o euros, que genera millones de empleos, es centro de convocatoria turística universal y escenario predilecto para el glamur de los sectores sociales más refinados y exigentes, aquí sin embargo y salvo los 6 de enero, es desconsiderado por muchos como un terreno fangoso, donde chapotean viejos timberos, vagos, paisanos viciosos o avivados de pobre calaña.

El subdesarrollo a veces, proviene de la ignorancia o prejuicios de la sociedad acerca de las realidades y posibilidades productivas que algunas actividades del propio país poseen, de la dimensión económica, del impacto social y fundamentalmente, del valor agregado y el potencial que pueden ofrecerle al desarrollo nacional.

Así las cosas, está muy claro que la Hípica uruguaya necesita urgente y desesperadamente un gran plan de marketing y comunicación, que le diga al país y a toda su gente, qué es, cómo es y que impregne la memoria colectiva de nuestra sociedad con sus datos, su importancia y potencialidad.

Es cierto que en los últimos años hemos mejorado, pero es evidente que estamos lejos de dar a conocer y ubicar a la industria hípica en el lugar y el prestigio que le corresponde. Y está más que claro que las organizaciones sociales que fomentan la actividad son débiles y cuentan con muy escasa capacidad para informar y comunicar las virtudes de la industria hípica al resto de la sociedad.

Igualmente, creo que todos deberíamos tomar esto como el principal desafío de trabajo conjunto y desarrollarlo cuanto antes. Porque si en las reuniones más importantes de nuestro principal hipódromo, en los grandes premios clásicos de la hípica uruguaya, vamos a resignarnos a que el principal factor convocante sea el grupo musical de turno antes que la propia carrera de caballos, entonces vamos a resignarnos a exhibir sistemáticamente nuestro propio fracaso.

LA PROCESIÓN TAMBIÉN VA POR DENTRO

Dicen que la peor puñalada es la que proviene de casa. Lo que sigue no es tan hiriente pero sí muy ridículo. Al interior de la actividad, hay quienes reproducen un mensaje que lastima su propia imagen. Como mala semilla, en el turf existe un microclima negativo, que propala una visión perversa de la actividad. Será quizás el muñeco autodestructivo que todos llevamos dentro, para el cual todo es obra de la conspiración, la maniobra, la influencia, el acomodo, el doping, el engaño, el bombo, platillo y redoblante.

El resultado es nefasto y cantado, si los propios miembros entienden que participan de una basura, entonces quién en su sano juicio querría ingresar allí? Es sin dudas, el camino más directo y estúpido hacia el aislamiento y la pobreza.

Por otra parte, si la empresa concesionaria de los dos principales hipódromos, no posee vocación y orientación comercial en el manejo de los mismos, no asume su absoluta responsabilidad de poner en práctica un plan de desarrollo de apuestas hípicas como objetivo estratégico, través de todos sus canales comerciales, entonces estamos muy lejos de tener una visión adecuada a la altura del desarrollo de la hípica uruguaya.

Peor aún, si tenemos que resignarnos a que el principal canal de venta, las agencias hípicas o de simulcasting, tengan una presencia cada vez más disminuida y menos atractiva en Montevideo, o directamente el estado calamitoso y tugurizado que poseen buena parte de las que se hallan en el interior del país, entonces directamente estamos dañando y degradando la propia imagen de Maroñas y de la industria que lidera.

Pero para alegría de todos, también existen señales positivas. La Asociación de Entrenadores está trabajando fuertemente por la reconstrucción de su sede social, con una serie de nuevas ideas que apoyamos calurosamente. Aprobar e imponer un Código de Ética para todos sus integrantes que permita apartar la paja del trigo, desterrando conductas profesionales que mancillen a la propia profesión, será sin dudas un paso fundamental para el futuro de la institución.                                             

UNA GRAN OPORTUNIDAD HÍPICA.

A partir de la recuperación del Hipódromo Nacional de Maroñas (2003), el principal escenario hípico de nuestro país y de nivel internacional, el Estado ha dispuesto un conjunto de incentivos y estímulos significativos para dinamizar la actividad y fortalecerla, a través de sus principales motores de propulsión: los hipódromos oficiales. En efecto, hoy se cuenta con un sistema integrado nacional compuesto por cinco hipódromos que permite un calendario anual consolidado, con un número de competencias creciente, que propone parámetros de mercado mucho más claros y estimulantes.

Paralelamente, el Poder Ejecutivo oportunamente resolvió aumentar el conjunto de recursos que se disponen para fortalecer la bolsa de premios anual de cada hipódromo, que representa el más poderoso estímulo para la actividad del conjunto de la cadena productiva, así como bonificaciones e incentivos.

Hoy tenemos claramente presentado y abierto frente a nosotros, un escenario de oportunidades para la industria hípica uruguaya, cuyo aprovechamiento necesariamente implica adoptar definiciones y asumir cambios. Pero fundamentalmente, exige continuar y aumentar el impulso, consolidar los estímulos y fortalecer nuestra cooperación mutua.

Es la oportunidad para desarrollar y consolidar un fuerte salto de calidad. Un salto en calidad imprescindible que se viene desarrollando por parte de los establecimientos más dinámicos y emprendedores, a partir de una importante adquisición de yeguas madres de muy buenas sangres en el exterior. Ése es un muy buen camino a seguir y profundizar, aprovechando con fuerza las oportunidades de precios hoy existentes en los países vecinos.

Es la oportunidad de profundizar la intensividad en la producción. Es el momento de mejorar en todo lo posible la calidad material y profesional de nuestra estructura de trabajo y de todo el proceso productivo, garantizando en la crianza un resultado final de mejor constitución, salud y desarrollo.

La oportunidad de unirnos y consolidar un proyecto que permita abrir nuevos mercados y exportar. Es el momento de coordinar y conjuntar esfuerzos entre las organizaciones del turf y el Estado, para elaborar y ejecutar una política agresiva de propaganda y de obtención de acuerdos comerciales con países del Medio y Lejano Oriente, para la exportación de caballos pura sangre de carreras.

Es la oportunidad histórica de dar un gran salto en el reconocimiento social de nuestra actividad, aventando los prejuicios políticos y sociales, eliminando los negativismos y las tonterías, para abrirle paso a la gran industria hípica del Uruguay que es necesario desarrollar entre todos, para el mejor orgullo de nuestra producción y para el mejor prestigio y futuro del Uruguay.

Es la gran oportunidad para decirle a los uruguayos, especialmente a aquellos que tienen mayor poder adquisitivo y mejor realidad económica, que comprar y tener caballos de carreras, es definitivamente una inversión mucho más noble y positiva para el país y su gente, que cambiar el auto a cada rato, hacer de nuevo el viaje a Estados Unidos o Europa que ya se hizo, o comprar un yate para navegar tres veces al año. 

Es mucho mejor, disfrutar en familia de la hermosura, la generosidad y la nobleza de este fantástico animal y de la enorme emoción de verlo correr, desde la convicción y la satisfacción espiritual, que además con ello, se está beneficiando y favoreciendo al trabajo de otros uruguayos que mucho lo necesitan.

Javier Cha
Dirección General de Casinos

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