lunes, 22 de enero de 2018

EL TURF, NUESTRO SEXTO SENTIDO

 



Las carreras de caballos ya no tienen ningún sentido en Argentina. Por supuesto. Y es una estigmatización tan vacía de concepto que estalla en el suelo por su propio peso muerto.

No pueden tenerlo para esos funcionarios acostumbrados a mentir descaradamente en las campañas electorales, pues en el ambiente del Turf se conservan todavía algunos valores tan devaluados como la palabra y la solidaridad.

No tienen sentido para quienes desconocen la adrenalina de una suelta en las cuadreras. De una buena posición expectante por dentro mientras Ritón y Ultrasonido mueven de firme en una milla. De observar a Valdi esperando los 300 para echar a correr en un largometraje de los viejos, a Laitán en postura, a Falero escondido contra los palos, o a Rubén Darío Galloso con la fusta bajo el brazo.

Las carreras tampoco tienen asidero para aquellos que ignoran la artesanía genética profesada en los haras, la pasión de cabañeros y patrones, las miles de horas de genuino trabajo depositadas en un noble pura sangre, un mestizo o un quarter horse desde su nacimiento hasta la ilusión de su debut.

Ni para quienes nunca han llegado al último pase del Quíntuplo, el "5y6" o la Cadena con todos los eslabones previos acertados, cierran con el 8 y el 13... y se enteran al cierre que el fraile va mal.

Las carreras no pueden tener sentido para el que jamás acertó un bagayo, se llenó con una fija o se peló raso: como si esos estados de gracia configurasen pecados horrendos, y los burreros fuésemos todos herejes de dudosa moral.

Ni para quienes ni de cerca vieron entrenar a un caballo de carrera, ni a su entorno laburar día a día de sol a sol, ni saben del sacrificio periódico de los jockeys para dar el peso, ni lo que significa festejar con el mismo espíritu la de perdedores o un Grupo 1 en cualquier stud del país.

Para aquellos que aprendieron de memoria muchas tablitas de especulación financiera y de ingreso a paraísos offshore, pero no llegaron a comprender las tabuladas de La Fija, la Palermo o La Verde. Y ni en broma leyeron un diario de atrás para adelante. Ni poseen dimensión del acreditado prestigio de nuestra hípica en el contexto internacional.

¿Qué sentido tendría la vida si no nos emocionáramos una y mil veces con Candy Ride ganando en Del Mar, al recordar a Yatasto, Mat-Boy, Villares, Bayakoa, Farmer o Asidero, o al mirar de nuevo "Ruffian" o "Let me Ride"?

Pablo F. Gallo
Revista TODO A GANADOR


By: Constanza Pulgar - De Turf Un Poco

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